Empatía sonora: el bienestar también se escucha
Psicología y logopedia en Las Rozas
Vivimos en una sociedad que ha normalizado el ruido hasta el punto de hacerlo invisible. Sin embargo, el ruido no es un simple inconveniente: es un factor que afecta a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra calidad de vida.
Ruidos en comunidades de vecinos, música a alto volumen, televisores, conversaciones que invaden espacios comunes, terrazas y restaurantes excesivamente ruidosos…La exposición continuada al ruido genera estrés, dificulta la concentración, impide el descanso y contribuye al agotamiento psicológico.
Recuerdo la primera vez que visité Múnich. Desde que pisé el aeropuerto sentí algo difícil de describir. Me invadió una sensación de paz casi mística. Me enamoró la ciudad desde el primer momento, pero no solo por su arquitectura, sus parques o su belleza. Me cautivó algo mucho más sutil: su silencio. Siempre que volvía confirmaba que la cultura de una ciudad también se refleja en su relación con el ruido.
No era una ausencia absoluta de sonido, algo imposible en una gran ciudad. Era una sensación de respeto acústico. Las personas hablaban sin necesidad de imponerse al entorno. Los espacios parecían diseñados para favorecer la convivencia y no para competir por quién hace más ruido.
Es cierto que existen fuentes de ruido difíciles de evitar en una sociedad moderna, como determinadas infraestructuras de transporte o actividades esenciales. Pero también es cierto que una gran parte del ruido cotidiano podría reducirse mediante una mayor conciencia ciudadana, mejores medidas de regulación y un compromiso más firme de las administraciones públicas.
Necesitamos una auténtica cultura de la empatía sonora.
Antes de subir el volumen de la música, cerrar con un portazo, de gritar en una terraza, de arrastrar muebles a determinadas horas o de ignorar el impacto de nuestros actos sobre los demás, conviene recordar que al otro lado hay personas que intentan descansar, estudiar, trabajar, cuidar de sus hijos o simplemente disfrutar de la tranquilidad de su hogar.
El ruido no siempre deja huellas visibles, pero erosiona silenciosamente el bienestar de quienes lo padecen.
Creo que deberíamos aspirar a una política sonora mucho más ambiciosa y a una ciudadanía más consciente del impacto que generan sus propios sonidos. Porque una sociedad saludable no es solo una sociedad más limpia o más segura. También es una sociedad que protege el silencio, el descanso y la serenidad de sus ciudadanos.
Una sociedad que vive rodeada de ruido difícilmente puede vivir de forma saludable.
¿Crees que el ruido es uno de los problemas de bienestar más infravalorados de nuestra sociedad?